Ediciones de la Flecha

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1/3/16

Persona del año: Matías Montes Huidobro


Entre mis personas del año 2015, el dramaturgo y estudioso (además de novelista y  poeta),  Matías Montes Huidobro, nacido en Sagua la Grande en 1931. En el año que terminó recibió un homenaje de la Feria del Libro de Miami, mientras Artefactus celebró junto a su esposa Yara, también investigadora y ensayista, sus 84 años. Se dice fácil pero esa edad no la alcanzaron ni Aurelio Mitjans, ni José A. Escarpanter ni Rine Leal, y si la edad no es todo, pues hay quien pierde su tiempo, la obra de Matías habla por sí sola y merece toda mi admiración.
Pero los dramaturgos nunca son considerados en las selecciones y los estudiosos menos. Ni siquiera Ecured o Caribe se han puesto al día con su obra.
El pasado  año con Del areíto a la independencia claves literarias de las letras cubanas, completó  su  mirada hacia el teatro cubano del siglo XIX, recopilación revisada de sus ensayos y artículos desde 1959 hasta la actualidad. Del areíto no hay mucho pero sí de El príncipe jardinero y fingido Cloridano, incluidos sus comentarios sobre la más reciente  bibliografía. Sus ensayos sobre el bufo (entre estos "la distorsión matemático-gramatical en Los negros catedráticos de Francisco Fernández) y "Los hijos de Thalía") se corresponden a sus búsquedas desde 1973 hasta el momento con un añadido sobre los "timbales del Alhambra". Estudia  los textos y sus  "claves literarias" preocupado porque  el presente "con toda su degradación farandulera, termine por empañar el pasado". Le siguen revaloraciones del teatro de la Avellaneda (material sin dudas para su obra teatral).
Uno de sus hallazgos, el que más me gusta del libro, es su acercamiento a Un poeta en la corte, de José Jacinto Milanés, escrita en 1839, solicitada por varios actores, entre ellos Pedro Iglesias y Vicenta Lapuerta, según nos descubre el Centón epistolario, pero en el Índice de censura. Como los delmontinos, casi toda la crítica cubana del XX la subestimó o la consideró de pasada.
 Sin embargo, Matías la ilumina en su muy esclarecedor ensayo. En el  poeta que no se doblega ante los poderosos encuentra la clave de la permanencia del dramaturgo. Mientras la solapa del libro recuerda que en Persona: vida  máscara en el teatro cubano (1973) es el primero en integrar en sus estudios colonia, república, revolución y exilio,  quiero recordar un ensayo de 1959, publicado en Lunes de Revolución, titulado "Necesidad de José Antonio Ramos". En tiempos en que Virgilio está muy orgulloso de haber puesto a la Avellaneda «en su lugar» y  muchos de los jóvenes del magazine, consideran a Ramos un vejestorio, Matías lo enjuicia y sin ocultar sus defectos, establece una pauta para futuros análisis, por su mesura y lucidez. Escribió "no ha sido plenamente olvidado, ni plenamente recordado del todo".

La mayoría de los dramaturgos y estudiosos, para desgracia de la cultura, ha muerto en esa tierra de nadie y ese limbo piadoso.

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