Ediciones de la Flecha

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1/29/16

Quintero sin arrepentimientos I

Interior de la revista Tablas 1986
Acerca de un nuevo libro de Carlos Espinosa Domínguez.

Muchos  autores cubanos de 32 años tienen por lo general varios libros publicados  en las editoriales del país, pero se desconocen muchas  obras de los dramaturgos mayores, sobre todo, los despreocupados por el  destino de sus  piezas. No existe diferencia entre el aprendiz y el experimentado,  la edición teatral ha dado un vuelco de noventa grados  (para bien) pero  prodiga títulos de los más jóvenes, sin reparar demasiado en el pasado.  Una excepción es Héctor Quintero: un comediógrafo sin arrepentimientos, de Carlos Espinosa Domínguez (Ediciones Alarcos 2015) en el que Quintero, pausado y apacible,  ¿sentado en la comadrita de su casa del Cerro?,  entorno un poco kitsch como el de sus obras, conversa con el entrevistador sobre sus inicios, su concepto del teatro y las etapas de su trayectoria –Teatro Estudio o el Teatro Musical– en el que hubiese constituido un proyecto mucho mayor, interrumpido por la sorpresiva  muerte de Héctor. No había cumplido 69 años. Al leerlo me parece escuchar su voz de locutor radial (esa que aparece tantas veces en el cine cubano). Quintero le habla al entrevistador de  Ojos azules, "el teatro más baladí o más absolutamente intrascendente", estrenada en la sala Ciro Redondo en el año 60 o 61 e influida por el teatro comercial que había visto. Recuerda otra similar,  Habitación 406, dirigida por Miguel Montesco en la Sala Tespis en 1963. Dos obras escritas antes que Contigo pan y cebolla lo lanzara a la fama.

A pesar de que intuyo que una nueva sesión de trabajo hubiese revelado quizás  un Quintero más beligerante y Espinosa habría  sido tentado a hacerle  preguntas acaso más imprudentes, el testimonio no está trunco y Héctor está de cuerpo entero en su sentimentalismo y su verdad. “Me sentí un autor obsoleto”, dice con tristeza, ya que quien se sabía un “continuador de tradiciones”, vio la escena asaltada por tendencias a su juicio sectarias. Espinosa Domínguez hizo bien no sólo en recoger su testimonio sino en completarlo con las notas al programa de muchas de sus obras, con  valiosa  información, útil para estudiar  en especial textos irrecuperables como Algo muy serio o Chorrito de gentesss. El lector puede establecer el contraste en el programa de Sábado corto,  escrito cuando se sentía un autor amenazado y en peligro de extinción y el hombre sereno y confiado en el futuro que reflexiona con Espinosa Domínguez.  Una de sus mejores obras, Sábado...  escribe Héctor, trata sobre los “pequeños seres trágicos, la bata de casa y el café con leche, esa también poesía, de la cotidianeidad”.   Treinta años después, desaparecidos los gestos costumbristas, queda la soledad de Esperanza Mayor que a pesar de sus encontronazos con la vida, pregunta a su hijo con un candor patético " ¿Oye, por casualidad tú sabes que película echan esta noche en el Payret?”

Ediciones Alarcos, 2015. 118 p.

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