"No se nos oculta la importancia de este programa. El becerro de oro, después de 109 años de escrita, sube por primera vez a un escenario. No se trata de una exhumación". Gracias a Julio Baladrón, arquitecto diseñador de la primera puesta de la obra de Joaquín Lorenzo Luaces, dirigida por Armando Suárez del Villar –quien rescató entre otras, Los cheverones, de Barreiro, y La hija de las flores, de la Avellaneda y que es, como se sabe, un director irrepetible, de los que marcó con su manera de hacer, un momento y una época, tengo el programa de la puesta de diciembre de 1967, año teatral tan fértil y comienzo del parte-aguas, en los setenta, de la vida cubana y de su escena. Según me cuenta Julio, diseñó en papel kraft el telón de boca pero como la obra se puso tantas veces, este no resistió y fue suplantado en otras puestas por la escenografía de Tomás Oliva.Mis fotocopias no le hacen verdadera justicia.

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