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| En el libro de Alejandro G. Alonso sobre art deco. |
Cinco años después de aquella lectura, se publica en La Habana Catalina, novela de Mario Coyula, que no leí hasta ahora aunque la edición española es del 2011. Catalina dialoga consigo misma también desde la tumba como en mi obra teatral aunque supera con creces el propósito de aquel divertimento, por su gran ambición nutrida de la portentosa cultura del autor sobre La Habana. Mi obrita, escrita después de una escaramuza virtual con un compañero, era un monólogo para mi hija. Entonces creía en el premio Catalina Lasa a los que persisten en el amor. De todos modos, en esa polémica, el aludido recomendó quedarme con mis miamenses y fue en Miami donde gracias a Yvonne, Eddy y un grupo de actores, se leyó. Después hice en Lulu una edición casera de 15 ejemplares «numerados». Mi Catalina tuvo sus 25 segundos de fama.
Catalina se merece una biografía, la pide a gritos.
Ayer revisé El Fígaro de 1894 que da a conocer los votos que obtuvieron varias jóvenes bellezas. Catalina está en el quinto lugar. Es posible que después lo superase para conquistar el segundo. Pero al menos en esa ocasión no lo consiguió. En la misma página donde se cuentan los votos de las agraciadas, se publica el grabado de la hija de José Antonio Saco, María Ana Cristina Saco y Frías, Mariquita en las cartas, en absoluta pobreza, con un llamado de la revista a contribuir por caridad con la sobreviviente de esa familia y la hija amantísima de Saco y Frías.No se dice el nombre.
En el número 27 de 1894 Enrique Fontanills escribe sobre Catalina Lasa. ¿Qué se dice de María Cristina?
Si volviera sobre mi Catalina, no mencionaría solo a la mujer de Modigliani, sino a María Cristina, que murió en 1898 muy pobre en París.



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